
Erase una vez una princesa muy hermosa que vivía en un gran castillo,
tenía todo lo que pudiera desear, bellos vestidos, muchas joyas, unos padres que la adoraban e infinidad de lujos.
Siendo una princesa muy bella, amable y querida por todos se sentía muy triste, su corazón estaba vacío y desolado, y ¿por qué? pues porque esta princesa llevaba consigo una maldición,
su cuerpo emanaba tanto calor, que cualquier cosa que tocara se hacía cenizas, y, por tal motivo
se sentía infeliz ya que no podía expresar sus sentimientos con gestos, no podía abrazar, no podía acariciar ni tocar a alguien porque éste moría al instante quemado por el envolvente calor que la princesa emanaba.
El rey y la reina se sentían muy afligidos, recurrieron a sabios, brujos, magos, hechiceros, curanderos, ya no sabían a quien recurrir y su angustia se hacía más grande al ver la desdicha de su joven hija, por eso, el rey organizó un concurso: "Llamo a todos los caballeros a desafiar la maldición que tiene a mi hija sumida en la desdicha, el caballero que pueda curarla de la maldición se casará con ella". Y así muchos caballeros de distintas localidades cercanas acudieron al llamado del rey. Llegó un caballero embestido en una gran coraza de acero, pero con sólo tocar a la princesa murió cual pollo asado, luego llego otro caballero a desafiar la maldición, pero en solo segundos yacían sólo las cenizas de él, y así, sucesivamente uno tras otro iban cayendo. El castillo ya olía a quemado por todos lados, todo era un mar de cenizas y aún nadie lograba curar a la princesa, quien ya estaba resignada a jamás poder conocer lo que era el amor y el sentir el abrazo amoroso de un hombre que la amara de verdad, pero en ese instante, apareció un joven campesino, con semblante agradable y mirada sincera, se acercó a la princesa y le dijo: "Princesa, quiero que meta la mano en mi bolsillo", ella lo quedó mirando mientras el joven le indicaba con el dedo su bolsillo, la princesa accedió y metió su mano en el bolsillo del joven, cual fue la sorpresa de todos, al ver a la princesa con una enorme sonrisa en la cara y al joven sin siquiera una quemadura ¡¡¡La maldición de la princesa estaba curada!!!. Pero, ¿que fue lo que hizo el joven para sanar a la princesa?, muy sencillo, en su bolsillo llevaba una barra de chocolate, de esos que se derriten en la boca y no en las manos....
Y como dice mi abuela "El chocolate es milagroso porque puede curar todo tipo de males desde males físicos hasta dolores del corazón"
No soy una princesa y menos soy tan hermosa como una de ellas, no tengo un gran castillo ni tampoco me aqueja una maldición, pero en estos momentos me vendría bien un chocolate para apaciguar los dolores de mi alma



